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Redonda o de esquinas suaves si hay niños o si la sala es de paso; rectangular si el sofá es largo y quieres superficie de verdad.
«Lateral» describe dónde va y «auxiliar» para qué sirve, pero es la misma pieza. Va a un costado del sofá o del sillón, entre 45 y 60 cm de alto —a la altura del brazo del sofá o un poco abajo. Más alta estorba el respaldo; más baja te obliga a agacharte.
Es la pieza que hace usable un sofá: dónde dejar el café, la lámpara y el teléfono sin levantarte. No necesita hacer juego con la mesa de centro: basta que compartan material o tipo de pata. Si el espacio no da para mesa de centro, dos laterales resuelven mejor que una mesa chica al centro.
Los sets —Mónaco y Sintra— vienen en dos alturas que se guardan una debajo de otra. Sirven para una sala chica: ocupas una sola cubierta y sacas la segunda cuando llega visita.
Madera para salas cálidas, mármol y piedra para la versión llamativa y más fácil de limpiar, metal cromado en color dorado cuando quieres que la mesa sea protagonista. Combínalas con un tapete que entre bajo las patas delanteras del sofá y con un pouf que haga de asiento extra y de mesa cuando le pongas una charola.
Alrededor de dos tercios del largo del sofá, y de 38 a 45 cm de alto: a la altura del asiento o un poco por debajo. Deja de 40 a 45 cm entre el sofá y la mesa para poder pasar.
Ninguna: es el mismo mueble. «Lateral» describe dónde va —al costado del sofá— y «auxiliar» para qué sirve. Ambas miden de 45 a 60 cm de alto.
No, y suele verse mejor si no son idénticas. Basta con que compartan material o tipo de pata para que el conjunto se lea intencional y no accidental.
Mesas nido de alturas distintas que se guardan una debajo de otra. Ocupan la huella de una sola y sacas las demás cuando llega visita: la mejor solución para una sala chica.
Sí, si mide entre 45 y 60 cm de alto, que es la altura de un colchón estándar. Es una alternativa común cuando quieres algo más ligero que un buró tradicional.